Los territorios en la Bienal Fotográfica 2017


01

Jun

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por: Revista Enfoque Visual

150 artistas invitados juegan con las dimensiones del territorio, conformando así la dosis expositiva que se organiza en más de veinte espacios de la ciudad de Bogotá.

Por Sandra Fernández

Del 13 de mayo al 15 de junio, Fotográfica, la Bienal con mayor relevancia que trae una gran cuota de artistas tanto nacionales como internacionales, se percibe y se experimenta a través del lente con respecto a los ‘Territorios’.

Gilma Suárez, directora y fundadora de Fotomuseo, institución que se encarga de realizar cada dos años en la capital esta experiencia fotográfica que incluye revisión de portafolios, ciclos teóricos, conversatorios y siendo la parte fundamental las exposiciones; es quien encabeza el equipo curatorial que dejó en claro que partiendo de ‘Territorios’, estaría fijado como país invitado Francia, en el marco del año Colombia – Francia.

De este modo, los lineamientos para llevar a cabo la diversidad de exposiciones que componen a la Bienal, existe un proceso que entrecruza perfectamente el contexto curatorial guiado por ‘Territorios’ y del que se hará énfasis para lograr dar un reconocimiento sobre la manera en que fueron dispuestas tanto las salas de exposición, como los artistas que conforman Fotográfica 2017.

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Territorios entre artistas

 Después de hacer una exploración hacia la fotografía construida en la que hace dos años estuvieron ancladas las propuestas entre formatos y técnicas experimentales entorno a la imagen en Fotográfica 2015, para este año, llegar a la definición de la línea temática se tuvo en cuenta la sugerencia realizada por la comisaria francesa Anne Louyot, quien hace parte del equipo francés dispuesto para este año Colombia-Francia y que tuvo gran relación con el equipo curatorial que generó las exposiciones durante esta Bienal.

Los Territorios entonces entendidos desde la amplitud que una palabra en plural genera, traspasando fronteras, indagando formatos e interpretando la palabra territorio dentro de unas dinámicas sociales expuestas que desde un contexto traído por Anne Louyot desde Francia, hacen un interesante diálogo con los fotógrafos Latinoamericanos que son elegidos por el equipo curatorial de Fotográfica, en la que explica Alejandro Jiménez, museógrafo y parte del equipo curatorial de Fotográfica 2017:

“En la medida en que estamos tal vez experimentando un tiempo donde las nociones de frontera, las nociones de soberanía y la misma idea de territorio que se amplía a una multiplicidad y a una diversidad reciente y que está sobre la mesa, se le da una dimensión plural, un poco diversificada y de alguna forma, tratando de retratar y de registrar esas nuevas culturas que se hacen sobre el paisaje”.

Es entonces el paisaje, una idea inicial que se argumenta a través de la palabra ‘Territorios’ pero que actualmente, se establece de diferentes maneras. El paisaje se convierte en el espacio que delimita pero que recurre a ciertas existencias espaciales para discriminar, unir o ser el punto de partida de muchas de las problemáticas que ahondan al mundo en una época moderna.

Es dentro de esta perspectiva que se acomodan las distintas exposiciones, siendo los mismos artistas quienes dirigen de qué manera enfocar su perspectiva entendida como territorios.

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Un claro ejemplo se vislumbra en el Museo de Bogotá, en el que el término se fundamenta desde una perspectiva de ciudad, esta determinación viene sugerida desde el mismo concepto museográfico que Jiménez aglutina, dándole un valor al espacio y a la historia dentro de la misma. Hablando precisamente de la muestra del Museo de Bogotá, vemos a los artistas como el Israelita Eldad Rafaeli, quién a través de la fotografía documental, experimenta los daños de la guerra que han destruido ciudades dentro de un conflicto entre Israel y Palestina, mientras que por otro lado, el territorio comprendido desde la ciudad, el fotógrafo Bruno Veiga de Brasil, instaura una idea en la que configura el estado de la fotografía ejercida en un territorio real, para comprenderla desde sus colores y formas, la ciudad tratada completamente desde un ámbito conceptualista.

“Es un ejercicio donde todo el tiempo tú estás flexibilizando, llevándolo en un ritmo muy maleable, tanto en la recepción de las propuestas de artistas, como en la misma configuración entre ellos, las mismas asociaciones; inicialmente tienes artistas que se relacionan pero que, a medida que la investigación avanza y tú como curador o museógrafo vas conociendo la serie y el trabajo del artista, empiezas a ver que tiene mayor resonancia con unas obras o con unos espacios en particular”, explica Jiménez haciendo referencia en la manera en que se convocan a los artistas, de su organización en las distintas muestras que se configuran a través de investigaciones, y convocatorias que dan como resultado el trabajo de los fotógrafos aquí expuestos.

Espacios de diversidad fotográfica

Entendiendo entonces que los territorios son tratados no solamente desde un punto de vista personal reflejado por el fotógrafo, sino que también, son sus formatos y la manera en tratar la imagen quienes alimentan ese concepto de territorios que abre una gran brecha. Esto empezando desde la noción nacional e internacional, dando como resultado final un diálogo dentro de cada una de las exposiciones, tendiendo en ellas un constante grupo de fotógrafos que mientras muestra una visión nacional, muestra a su vez una visión internacional. Al respecto apunta Jiménez:

“Hay una mirada que yo trato de incluir y señalar, algunos problemas que pueden llegar a resultar interesantes para Colombia o para Bogotá y que seguramente en el momento en que los espectadores acceden a la obra, o cuando los mismos artistas ven su obra situada frente a otros artistas, logran arrastrar algunas de esas inquietudes”.

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Un claro ejemplo de ello podría estar situado en la exposición de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño que se fija en los mejores exponentes del fotoperiodismo, dando así un punto de vista desde lo local, pero claramente cuando se narra a través de la imagen, dan cierto contexto global. Es así que encontramos a fotógrafos como el ucraniano Maxim Dinyduk con un trabajo sobre el conflicto socio-político en el que las fronteras que separan dos culturas distintas, se ven enfrentados en un choque que ocasiona manifestaciones y protestas. En la otra sala, el trabajo del colombiano León Darío Peláez quien expone la explotación laboral de una de las comunidades indígenas Wayuu en la Bahía de Portete. Ambas situaciones, referidas al poder que se manifiesta en la apropiación de un territorio ajeno y que crean una relación que da cierto grado de pertenencia de una manera genérica.

Hay tres elementos fundamentales en el diálogo realizado por el equipo curatorial y que se explican de esta manera: el primero, va ligado al proceso del artista para desarrollar sus imágenes y el conjunto de componentes para materializar su idea fotográfica; el segundo elemento está relacionado con el formato en el que trabaja el artista, ya que esta Bienal cuenta con audiovisuales que generan un gran equilibrio con las fotografías, aquí podemos resaltar la exposición que se encuentra en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, aquí se leen perfectamente los videos del artista francés Paul Ouazan con respecto a la obra fotográfica del artista Guillermo Santos o el del inglés Michael Kenna.

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El tercer aspecto que genera gran importancia se encuentra ligada al espacio en el que se va exponer. Durante la Bienal tanto instituciones como galerías, hacen parte del evento, es así que en algunos casos, la disposición de las obras se originaba por determinaciones de índole museográfico. De esta manera Alejandro Jiménez señala: “Michael Kenna que es un fotógrafo de gran relevancia, que su obra se lee muy bien en una sala tradicional, pero pensaría que en una sala donde no hay tantos elementos que condicionen o con tantas directrices, te permite a ti como museógrafo jugar un poco más con su obra respetando claramente el sentido que la misma obra trae, pero sí tratar de darle otras salidas y otras búsquedas”. Otro artista en particular, en el que su obra tiende a ser controversial y fuerte con respecto a su contenido, es la del artista colombiano Andrés Sierra en el que puede determinarse que no es propio que se exponga en lugares de índole institucional, sino que más bien, tenga lugar en el que la mirada hacía aspectos más artísticos, que obtengan cierta libertad al contenido y evoquen una mirada distinta para el espectador.

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“Son bastantes las vías, son bastantes las rutas; la labor y el ejercicio curatorial es un ejercicio que se ha venido profesionalizando en Colombia hace un tiempo relativamente reciente y por esa misma lógica, hace que no exista como una camisa de fuerza o una receta única, o efectiva para desarrollar un proceso curatorial si no que de alguna manera cada institución viene desarrollando sus propios modelos, sus propias metodologías”, explica Jiménez y es que la línea en que se manifiesta la construcción de cada una de las exposiciones, más bien como un rasgo que fluye a través del punto de partida que es el tema ‘Territorios’ y los distintos espacios que acompañan a Fotográfica 2017, hacen que el diálogo con las obras de los artistas se convierta en una narración que nace desde el mismo contenido de la imagen, pasando por la constantes coincidencias por lo mismo que ocurre en un ámbito local, hablando específicamente del trabajo documental que cobra gran relevancia en la Bienal.

Imágenes tomadas por Ricardo Ascencio.

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